Las alergias, o la andancia que anda 
Mr. SARKIS ARSLANIAN B , VENEZUELA, PANAMA, EEUU, LONDON, ESPAÑA, BARASIL, ARGENTINAS, INDUSTRIAL DE ALIMENTOS A NIVEL MUNDIAL, ECONOMIA, COMERCIO INTERNACINAL
 
¿Cuántas veces nos ha despertado por la noche una cierta incapacidad para respirar,traducida en una nariz tapada? Después, una serie de estornudos al despertar o accesos de tos seca. A veces ocurre que después de haber consumido algún alimento nos llenamos de ronchas, o al ingerir un medicamento –como los antiinflamatorios no esteroides o algún analgésico– sentimos una sensación de náusea seguida de vómito. En casos más graves podemos caer en un estado de choque conocido como choque anafiláctico. A todas estas formas de responder de nuestro organismo se les conoce como reacciones alérgicas, o simplemente alergias.
Estas manifestaciones cuyo origen se desconocía, es lo que la gente común llamaba la “andancia que anda”. Una de las primeras en identificarse, por ejemplo, fue la rinitis, que hace años se conocía como “fiebre del heno” por la relación entre el heno la reacción que desencadenaba, o también “fiebre de las rosas”, que después se generalizó a cualquier sustancia inhalable, como pólenes, vapores del ácido muriático, sales de amoniaco y polvo doméstico, entre otros.
Así, el organismo reacciona de una forma desproporcionada, a la que denominamos reacción alérgica, y alergeno al estímulo causante de dicha respuesta. Estos pueden ser casi cualquier cosa y dependen de la persona, del tiempo de exposición o de su sensibilidad; por ello, podemos reaccionar ante la caspa de los gatos o perros, a cierta clase de ropa, como la confeccionada con licra, o bien al material que se encuentra en ciertos artículos, como los guantes de hule que se usan para hacer las tareas cotidianas en el hogar.
Como ya mencionamos, las manifestaciones observables pueden ser estornudos, escurrimiento nasal, tos, sensación de ahogo o ronchas en la piel, pero ¿qué sucede internamente? Ante esos alergenos nuestro organismo reacciona liberando unas sustancias conocidas como mediadores de la inflamación, entre las que se encuentran la histamina, los leucotrienos, el factor activador de plaquetas y otras, las cuales originan dichas reacciones. La histamina y otros mediadores se almacenan en unas células llamadas mastocitos, los cuales se encuentran concentrados preferentemente en las vías respiratorias, el tubo digestivo y la piel, aunque se les puede encontrar en todo el organismo. De hecho, eso explica por qué las principales reacciones aparecen en la piel y la nariz.
Factores inmunológicos

A lo largo del desarrollo de un individuo, su organismo incorpora una especie de anticuerpos que poco a poco integran un sistema de defensa conocido como sistema inmunológico, el cual permite reaccionar a la persona ante cualquier agresión del medio ambiente. A veces el cuerpo no está preparado para tales situaciones, y por ello muestra reacciones tales como las alergias; entonces se hace necesario comenzar un tratamiento basado en vacunas para fortalecer dicho sistema inmunológico.
Dentro de las alergias se sabe de algunos de los factores inmunológicos subyacentes a las reacciones de hipersensibilidad, como la IgE, que es una inmunoglobulina humoral. La IgE desempeña un papel primordial en la mediación de todas las reacciones alérgicas del tipo “hipersensibilidad inmediata”; ejemplos de ellas son el asma, la urticaria aguda, la fiebre de heno o la anafilaxis.
Las alergias pueden clasificarse de la siguiente forma: alergias atópicas, alergias tardías, urticaria y angioedema.
Alergias atópicas
Existe una clase particular de alergias que no tienen un origen específico: las llamadas alergias atópicas “espontáneas”, que ocurren en la décima parte de la población. Hay frecuentemente individuos con antecedentes familiares de trastornos similares. Como ya se señaló, resulta difícil determinar los alergenos en los pacientes atópicos, en quienes aparecen reacciones cutáneas positivas a numerosas sustancias. La eosinofilia y un aumento en los valores de la IgE son característicos, pero no necesariamente indican trastornos atópicos, entre los que se incluyen la fiebre del heno (rinitis alérgica), la dermatitis atópica, el eccema alérgico, el asma alérgica y las reacciones anafilácticas.
Es importante mencionar que la enfermedad alérgica puede ser iniciada por el estímulo de un solo alergeno y que sus síntomas pueden ser leves y esporádicos. En esta etapa de la enfermedad generalmente las personas no buscan apoyo médico ya que sus síntomas no interfieren con las actividades de la vida diaria; sin embargo, una vez que la enfermedad ha iniciado su desarrollo, los alergenos estimulantes de la enfermedad van aumentando en número y las manifestaciones clínicas de la enfermedad se hacen más graves y frecuentes.
Alergias tardías
También puede ocurrir que las reacciones de hipersensibilidad aparezcan tardíamente, esto es, basadas en un intervalo prolongado para que ocurra la reacción. Tal reacción demorada puede deberse en gran parte a cierta inmunidad en el individuo mediada por las células y no depende de inmunoglobulinas circulantes. Por ejemplo, la respuesta a la tuberculina y los diversos tipos de dermatitis por contacto son un ejemplo de este tipo de reacciones tardías, las que suelen presentarse después de horas o días.
Urticaria y angioedema
La urticaria y el angioedema son afecciones dermatológicas consideradas como un síndrome. Su ocurrencia es tan común que la mayoría de la gente hace un diagnóstico correcto de las mismas. Las lesiones ocasionadas por la urticaria se caracterizan por ser ligeras elevaciones o hinchazones cutáneas enrojecidas (eritematosas) o blanquecinas en la parte superior de la piel, o dermis. Generalmente las hinchazones van acompañadas de prurito o comezón, son muchas ronchas y varían de tamaño (desde uno o dos milímetros hasta varios centímetros de diámetro). Resulta particularmente importante para el diagnóstico el hecho de que las ronchas tienden a desaparecer entre las 24 y 40 horas, aunque nuevas lesiones pueden aparecer alrededor de las primeras.
El angioedema es una lesión similar, sólo que afecta algunos tejidos subcutáneos más profundos, como los labios y párpados, y por lo general no dan comezón.
Ambos tipos de lesión tienen un origen inmunológico, y los principales antígenos que las producen son cierta clase de alimentos, entre los que se hallan el pescado, las fresas, las frutas secas o el chocolate, así como algunos medicamentos como la penicilina, las picaduras de insectos y la caspa y saliva de algunos animales. Estas reacciones corresponden a una reacción anafiláctica de hipersensibilidad tipo I.
También hay las reacciones de hipersensibilidad tipo II, que aparecen como reacciones a transfusiones, y finalmente las reacciones de hipersensibilidad tipo III, las que surgen por reacciones complejas entre antígeno-anticuerpo que provocan una combinación tóxica. Un ejemplo de ello es la enfermedad del suero.
Es posible encontrar reacciones urticarias o de angioedema por factores físicos y ambientales, como el dermografismo o escritura sobre la piel, o también por la exposición al frío o al calor, además de otros factores diversos, tales como las infecciones virales del hígado o los piquetes de insectos.
Adicionalmente a los factores ya mencionados, debemos considerar también los llamados factores emocionales o de personalidad del individuo que las sufre. Tanto la urticaria como el asma se han considerado como enfermedades psicosomáticas, toda vez que se ha demostrado que ambas responden a concentraciones bajas de alergenos cuando las personas se encuentran en una situación de fuerte estrés emocional.
Invariablemente, si presentamos alguna reacción de las descritas anteriormente, debemos visitar o consultar a un alergólogo, pero no hay nada como tomar medidas preventivas para evitar este tipo de reacciones. Los médicos deben estar preparados para cualquier emergencia que pueda surgir, pero el lector debe saberlo también para que esté pendiente o pueda preguntar sobre lo que le ocurre a él o a algún familiar.
La prevención en las alergias
Las medidas que los doctores deben considerar ante la posible ocurrencia de la anafilaxis cuando administran fármacos consisten, en principio: 1) identificar las primeras manifestaciones del síndrome y tener disponibles adrenalina o algunos otros elementos auxiliares para reanimar al paciente; 2) en el caso particular de pacientes con antecedentes de fiebre del heno, asma u otros trastornos alérgicos, se deben tomar precauciones especiales; 3) en el caso de tener información sobre alguna reacción alérgica en el pasado, hay que sopesar el peligro de administrar el medicamento por vía bucal o inyectable. Idealmente, los individuos con sensibilidad conocida a medicamentos y piquetes deben utilizar un brazalete o una tarjeta de identificación médica; 4) Finalmente, tanto antihistamínicos como corticosteroides pueden haber sido administrados con anterioridad, pero su uso debe ser cauteloso ya que el paciente puede ser sensible a ellos.
El propósito de esta acción es anticipar reacciones de hipersensibilidad, aunque los resultados no son de ninguna manera predecibles. Una forma particular de anafilaxis es la producida por la administración de medicamentos como las penicilinas; desde luego, el método más seguro para evitar reacciones alérgicas es no administrarlas; la segunda estrategia es el hacer pruebas de reacción antes de darlas, y una tercera es que, ya conocida la reacción indeseable a la penicilina, se practique la desensibilización si es que ineludiblemente debe administrarse. Existen otros fármacos que tal vez ocasionen reacciones anafilácticas, como los antisueros inmunes (por ejemplo, el antitetánico o los anticrotálicos), algunos medicamentos proteínicos, los medios de contraste radiológico a base de yodo hidrosoluble para uso parenteral y, excepcionalmente, las vacunas.
Otras fuentes de reacciones anafilácticas son los piquetes de insectos tales como los moscos, abejas, avispas y hormigas. Asimismo, están las alergias a alimentos como las nueces, fresas y mariscos; en este caso, las personas deben evitar comerlos fuera de casa.
¿En qué momento debemos acudir con el alergólogo?
El mejor momento para que un alergólogo intervenga en el manejo de una enfermedad en niños, adolescentes o adultos es a partir de la aparición de los síntomas de la enfermedad. Del mismo modo, se debe de entender que en el manejo ideal de una patología alérgica debe participar todo el equipo de salud. Por ejemplo, la rinitis alérgica debe ser atendida tanto por el otorrinolaringólogo como por el alergólogo; en el asma, un neumólogo y un alergólogo; en la urticaria, un dermatólogo y un alergólogo, y en el caso de los niños, un pediatra y un alergólogo. La razón de que el alergólogo intervenga desde el comienzo es para verificar la evolución de la enfermedad alérgica y decidir en qué momento se deben realizar pruebas cutáneas de sensibilización y disminuir ésta en caso de haberla.
Por ello, y de acuerdo al panel de expertos de la National Asthma Education Program, avalado por la National Heart, Lungand, Blood Institute (NHLBI), se recomienda que la inmunoterapia (tratamiento con vacunas) para el asma debe ser considerada cuando la eliminación de los alergenos no sea posible y la medicación apropiada haya fallado para el control de los síntomas. Reiteramos la necesidad de que participe un alergólogo en el manejo del asma desde sus etapas iniciales para decidir en qué momento los medicamentos han fallado y se requiere manejo con vacunas.
Prevención de las alergias desde la perspectiva de la nutrición
Para concluir, y adicionalmente al manejo experto de las alergias por el alergólogo, conjuntamente con los especialistas ya señalados, la nutrióloga Yolanda Vázquez Mazariego sugiere una serie de consejos para tratar las alergias de forma natural. A continuación presentamos algunos de ellos:
Identifique al enemigo. Aunque en la mayor parte de las alergias primaverales el polen es el responsable, hay que identificar la clase de polen, pues hay tantos como plantas florecen.
Cambie sus hábitos. Si suele hacer ejercicio al aire libre, identifique las horas en las que hay una mayor emisión de polen. Resulta mejor hacer ejercicio en un gimnasio limpio o nadar en una alberca tratada con ozono en lugar de cloro. El deporte practicado con la intensidad conveniente contribuye a fortalecer el sistema inmunológico.
Revise su alimentación. ¿Ha notado que empeora su alergia si toma lácteos en el desayuno? ¿Le da un ataque de escurrimiento nasal después de comer un filete? Algunos alimentos provocan reacciones alérgicas cruzadas a las personas con alergia al polen. En el caso de las frutas y verduras, basta con no comerlas crudas. Por ejemplo, la alergia al polen de abedul se relaciona con manzanas, melocotones, peras y cerezas crudas. La alergia al polen de la artemisa puede provocar reacción al apio crudo.
Ventile su casa con precaución. Para airear la casa, el mejor momento es la primera hora de la tarde, especialmente los días lluviosos, cuando los índices de polen son bajos, y procure no estar en casa. Y olvídese de fumar de una vez por todas. Ya se ha establecido obligatoriamente que los espacios públicos estén libres de humos; sólo le queda liberar su casa y empezar a respirar aire limpio. Cuando las membranas de su nariz y garganta empiecen a recuperarse, filtrarán el aire con más eficacia y actuarán como una barrera para los alergenos.
Utilice filtros. Si usa aire acondicionado en el coche o en casa, procure comprar buenos filtros que eliminen cualquier posible entrada de alergenos y revisarlos periódicamente. Use mascarilla ante las situaciones de riesgo, y si no queda más remedio que cortar el césped de la casa, hágalo con protección; utilice mascarillas de ferretería o mejor invierta en una buena mascarilla con filtros que se pueden encontrar en la farmacia.
Use plantas que purifican. No todas las plantas producen alergia al polen; algunas purifican el aire y filtran alergenos y sustancias contaminantes del aire (benceno, monóxido de carbono, formaldehído y tricloroetileno). Otras incluso emiten sustancias que reducen los niveles de esporas de hongos y de bacterias en el aire. Si no tiene alergia al moho, puede emplear arecas, singonios, helechos, datileros, hiedra, poto, espatifilo, cintas y dracenas.
Coma más pescado. Los pescados azules son ricos en ácidos grasos omega-3, que tienen un efecto antiinflamatorio, y está comprobado que reducen los síntomas de las alergias y asma. Si no le gusta el pescado, puede tomar alimentos enriquecidos o cápsulas con omega-3 cada día.
Ayúdese con el magnesio. El magnesio es un mineral que ayuda a relajar las paredes de los músculos lisos y reduce la intensidad de los ataques de asma, haciendo que se respire mejor. Las dosis de magnesio necesarias varían en cada persona; en general, los deportistas necesitan más por la pérdida de agua y la demanda que produce el trabajo muscular, y pueden llegar a tomar hasta un miligramo dos veces al día, pero cada quien es diferente.
Controle las interacciones. Algunos de los medicamentos que se recetan contra la alergia, como la teofilina, se alteran en su absorción cuando se combinan con otros alimentos, como el café, cacao, té, carnes y verduras de la familia de la col. El pomelo también puede alterar la absorción de algunos medicamentos. Evite estos alimentos mientras toma el tratamiento para la alergia.
Reduzca las proteínas. Las inmunoglobulinas E aumentan cuando aparece la alergia; como están compuestas por proteínas, reducir el consumo de alimentos ricos en proteínas puede ayudarle a disminuir la proporción de inmunoglobulinas E. Evite las carnes rojas y reduzca el consumo de huevos y lácteos; en cambio, coma pescado azul y pollo, frutos secos, legumbres y cereales.
Aumente la vitamina C. Los alimentos ricos en vitamina C tienen una acción antihistamínica. Puede tomar esta vitamina en suplementos o comer alimentos ricos en ella, como el kiwi, la papaya, los pimientos y las coles.
Desinflámese con azufre. El MSM, o metilsulfonil-metano, es un compuesto de azufre que tiene un efecto antiinflamatorio y que se está utilizando para prevenir los síntomas de la alergia y el asma pues contribuye a estabilizar las membranas celulares, de modo que se hacen más resistentes para liberar la histamina, la sustancia que desencadena la respuesta alérgica. Las frutas y verduras son ricas en MSM, especialmente la familia del ajo y la cebolla, pero también puede encontrar cápsulas con dosis de 500 a 1,000 mg.
Hidrátese al máximo. El lagrimeo y el escurrimiento nasal, así como algunos medicamentos para la alergia que tienen un efecto diurético, pueden contribuir a una pérdida sustancial de líquidos; si además hace deporte, debe tomar agua en cantidad suficiente; hasta tres litros pueden ser necesarios.
Consuma chile. Es otra forma de aliviar la congestión y mejorar la respiración. El chile contiene capsicina, que aumenta y fluidifica las secreciones y libera endorfinas, analgésicos naturales que le harán sentir mejor.
Además de los anteriores, la nutrióloga Vázquez nos sugiere el consumo de piña, vitamina B5 y la raíz de regaliz para endulzar, el té de ortiga y la aplicación de agua de rosas en los ojos; asimismo, meter los pies en agua caliente puede reducir los síntomas de la rinitis alérgica. Si fuera necesario, recurrir a la medicina homeopática en algunos casos, la que, según señala, resulta eficaz para tratar alergias concretas pero se debe seguir con exactitud para que funcione y los remedios se deben adaptar a cada persona. Finalmente, recomienda aprender a respirar, porque hacerlo convenientemente contribuye a reforzar nuestro sistema inmunológico.
Es importante recordar que las alergias no se curan, sólo se controlan; por ello, es importante su manejo por el especialista en alergología, y podremos contribuir a reducir y controlar las manifestaciones alérgicas si seguimos la medidas anteriormente sugeridas. Con el tiempo, tal vez se reduzca la necesidad de medicamentos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Intervention and the Panama Canal POR SARKIS ARSLANIAN BEYLOUNE